La savate —o boxeo francés— es el único deporte de combate del mundo en el que se golpea con el pie calzado. No es una anécdota ni una excentricidad: es la consecuencia directa de dónde nació. La savate no viene de un templo ni de un dojo. Viene de la calle, de los suburbios del París del siglo XIX, donde nadie se descalzaba para pelear.

Enseño artes marciales desde 1997 y sigo viendo la misma cara de sorpresa cuando cuento el siguiente dato: la savate es más antigua que el judo, el kárate y el taekwondo. No un poco: casi un siglo antes que algunas de ellas. Y aun así, en España casi nadie la conoce.

¿Qué es la savate exactamente?

Es un deporte de combate de percusión que combina puñetazos de boxeo inglés con patadas ejecutadas con el calzado. Se practica de pie, con guantes y botas específicas, sobre un ring o una superficie de sala.

Lo que la distingue no es solo el zapato. Es la precisión. Donde otras disciplinas premian la potencia, la savate premia tocar el blanco correcto con la superficie correcta. Un puntapié con la punta de la bota exige un control del pie que no se le pide a nadie que golpea descalzo con el empeine.

Por eso la savate se ha ganado el apodo de «la esgrima del pie». La comparación es exacta: distancia, línea, timing y economía de movimiento.

¿Por qué se llama savate?

Savate significa, literalmente, zapato viejo en francés antiguo. No era un nombre elogioso: designaba una forma de pelea popular, de gente humilde, ejecutada con lo que se llevaba puesto.

Ese origen explica muchas decisiones técnicas que hoy parecen arbitrarias. Se golpea con la punta porque la bota lo permite. Se apunta bajo porque en la calle desequilibrar era más útil que noquear. El deporte moderno conserva esa lógica aunque el contexto haya cambiado por completo.

¿De verdad es más antigua que las artes marciales orientales?

Sí, y las fechas lo dejan claro:

  • 1797 — Primera referencia escrita conocida. Vidocq cuenta en sus memorias que se inició en «el arte secreto de la savatte» con Jean Goupil. Si ya se enseñaba, es que ya era un sistema estructurado.
  • 1834 — El coronel Amorós la define como lucha popular en su Manual de Educación Física y Moral.
  • 1877 — Joseph Charlemont publica su Tratado de Boxeo Francés.
  • 1900 — El boxeo francés aparece en los Juegos Olímpicos de París.

Frente a eso: el judo nace en 1882 con Jigoro Kano, el kárate se estructura hacia 1900 con Gichin Funakoshi, y el taekwondo en 1955 con el general Choi.

Conviene ser justo: todas esas disciplinas se apoyan en técnicas anteriores, igual que la savate. Pero si hablamos de sistemas codificados y enseñados con método, la savate llegó primero.

De la calle al salón: Lecour y Charlemont

La savate no habría sobrevivido sin dos hombres.

Charles Lecour es el primero en codificar un método. La historia tiene su gracia: en 1830 encajó una derrota dura frente a Owen Swift, uno de los mejores boxeadores ingleses del momento. En lugar de buscar la revancha, se fue a estudiar London boxing con Adams, un campeón inglés afincado en París. Después fusionó lo aprendido con la savate y el manejo del bastón que había aprendido de Michel, apodado «Pisseux». De esa mezcla nace lo que llamó La Boxe Française.

Es un detalle que dice mucho: la savate moderna nace de perder y estudiar al rival, no de una tradición cerrada sobre sí misma.

Joseph Charlemont (1839) es quien la convierte en sistema completo. Aprendió el método Joinville en el batallón militar donde se enseñaba desde 1852, y en 1862 empezó a dar clases de boxeo francés y bastón en el 19.º batallón de cazadores. Perfeccionó lo de Lecour, venció a Louis Vigneron en un asalto célebre en 1867, y en 1877 publicó el tratado que fijó la disciplina.

Vidocq, el criminal que fundó la policía científica

Merece un párrafo aparte porque es el primer nombre de esta historia y uno de los personajes más extraordinarios del siglo XIX francés.

Eugène-François Vidocq nació en Arras en 1775. Fue presidiario, y después creó la Brigada de Seguridad (La Sureté), una unidad policial formada por antiguos convictos como él. Se le atribuyen la introducción de la balística en la investigación criminal, el sistema de expedientes de casos, las técnicas antropométricas y el primer uso de moldes para recoger huellas en la escena del crimen.

Ese hombre —fundador de la criminología moderna— es quien dejó por escrito la primera mención conocida de la savate. Inspiró personajes de Balzac y de Victor Hugo. La savate tiene, literalmente, una partida de nacimiento firmada por un mito literario.

Asalto y combate: dos formas muy distintas

Aquí está la respuesta a la pregunta que más me hacen, «¿duele?». Depende de cuál de las dos practiques, y son mundos separados:

El asalto excluye la potencia. Se compite al toque: se puntúa la precisión técnica, no la potencia. Es la modalidad mayoritaria, la que permite entrenar años sin acumular daño.

El combate sí admite y valora la potencia. Está reservado a mayores de 18 años y menores de 40 años y exige tener el grado de guante amarillo. No es la puerta de entrada: es una especialización a la que se llega después de años.

Quien empieza empieza en asalto. Siempre.

Los grados: guantes de colores

La savate no usa cinturones sino colores de guante, y el criterio de progresión es más interesante de lo habitual:

  • Guante azul — saber tocar sin ser tocado.
  • Guante verde — no ser tocado y tocar, en situaciones simples.
  • Guante rojo — lo mismo, en situaciones complejas. Da acceso a competir en asalto.
  • Guante blanco — tocar antes para no ser tocado.
  • Guante amarilloFinto para tocar — abre la puerta al combate.

Cada color se divide en tres niveles. Por encima están el guante de plata técnico, que es la condición de entrada a los campeonatos de Francia de asalto, y el guante de bronce, que solo se consigue acumulando puntos por victorias en combate. Los guantes de oro y bermellón son honoríficos.

Fíjate en la lógica de la progresión: primero tocar, después no ser tocado, y solo al final anticipar. Es una escala construida sobre la defensa, no sobre la capacidad de hacer daño. Después de todos estos años enseñando, me sigue pareciendo una de las progresiones pedagógicas mejor pensadas que conozco.

¿En qué se diferencia del kickboxing?

Se confunden mucho y no se parecen tanto:

  • El calzado. La savate golpea con la bota; el kickboxing, descalzo. Cambia por completo las superficies de impacto y las distancias.
  • Las patadas. En savate solo hay cuatro fundamentales —fouetté, chassé, revers y coup de pied bas— y todas se ejecutan bajo unas reglas técnicas obligatorias. El kickboxing admite un repertorio más amplio y menos codificado.
  • La lógica. El kickboxing busca el impacto; la savate, la colocación. La capacidad de parar, esquivar, desplazarse y colocarse cuenta tanto como el golpe en sí.
  • La estética. La savate conserva una postura erguida heredada de la esgrima, muy distinta de la guardia baja y compacta del kickboxing.

¿A qué edad se puede empezar? ¿Hace falta estar en forma?

Se puede empezar desde los siete u ocho años en las categorías infantiles, y no hay tope. Tengo alumnos que empezaron pasados los cincuenta.

Y no, no hace falta llegar en forma. Es un error muy extendido: la gente cree que primero hay que ponerse en condiciones y luego apuntarse. Es al revés. La técnica de savate se aprende despacio, con mucho trabajo de desplazamiento y guardia antes de que la intensidad suba. La forma física llega como consecuencia.

Lo que sí conviene traer es paciencia con las piernas. Las primeras semanas los aductores y los flexores de la cadera protestan, porque casi nadie los usa en ese recorrido en la vida diaria.

¿Qué necesito para empezar?

  • Botas de savate. Son específicas, con suela lisa y puntera reforzada. Entre 40 y 80 euros.
  • Guantes de 8 a 12 onzas según el peso.
  • Protector bucal y, en asalto, coquilla o protector pélvico.
  • Vendas para las manos.

Nada más. Ni uniforme obligatorio los primeros meses, ni material caro.

¿Dónde se practica la savate en España?

Voy a ser franco: hay muy poco. Existen clubes, pero dispersos y concentrados en unas pocas ciudades. En buena parte del país no hay ninguna sala a una distancia razonable.

Es una situación absurda para un deporte europeo, más antiguo que las disciplinas orientales que llenan gimnasios en cada barrio, y con una progresión pedagógica excelente. Pero es la que hay.

Para quien quiere empezar y no tiene sala cerca, la alternativa realista es formarse a distancia con material estructurado —guardias, desplazamientos, las cuatro patadas y los encadenamientos básicos se pueden trabajar solo— y buscar después ocasiones de práctica presencial en cursos o encuentros.

Cómo llegué yo a la savate

Mi relación con la savate empezó en 1971, cuando todavía estaba en el colegio. La conocí dentro de las clases de educación física, algo que hoy puede resultar sorprendente pero que en Francia formaba parte de una tradición deportiva mucho más presente que en España. Después, siendo estudiante universitario en Toulouse, seguí practicándola.

Por aquellos años apareció también otra influencia difícil de ignorar: Bruce Lee. Como tantos jóvenes de mi generación, verlo en el cine despertó en mí una enorme curiosidad por las artes marciales orientales y empecé a practicar kárate. Pero nunca abandoné la savate.

Desde entonces las dos líneas han avanzado siempre en paralelo en mi vida: por un lado, la savate y el boxeo francés; por otro, las artes marciales orientales, primero el kárate y más tarde las artes marciales vietnamitas. Más de cincuenta años después sigo encontrando valor en las dos formas de entender el combate, precisamente porque son diferentes.

Preguntas frecuentes

¿Savate y boxeo francés son lo mismo?
Sí. Savate es el nombre popular y antiguo; boxe française, el deportivo. Hoy la federación internacional usa «Savate» y muchos clubes emplean los dos indistintamente.

¿Es un arte marcial o un deporte de combate?
Un deporte de combate, con reglamento, categorías y competición federada. Dicho esto, la parte técnica y la progresión por grados tienen bastante de arte marcial clásico.

¿Sirve para defensa personal?
Su origen es exactamente ese, y golpear calzado es una ventaja evidente respecto a las disciplinas que entrenan descalzas. Pero el reglamento moderno está pensado para competir; para defensa personal hay que adaptar.

¿Se puede practicar sin competir?
Por supuesto, y es lo que hace la mayoría. El sistema de grados avanza por examen técnico, no por victorias. Solo el guante de bronce exige competir.

¿Es muy dura físicamente?
El asalto, no especialmente: la intensidad la marca cada pareja. El combate sí es exigente, pero es una modalidad a la que se llega después de años.

¿Es olímpica?
No. Apareció en París 1900 como deporte de exhibición y desde entonces no ha vuelto al programa, aunque cuenta con reconocimiento internacional y federación propia desde 1985.

Por dónde empezar

Si te ha picado la curiosidad y no tienes una sala cerca —que es el caso de casi todo el mundo en España—, preparé un curso de iniciación a la savate en diez lecciones: guardia, desplazamientos, las cuatro patadas fundamentales, los puñetazos y los primeros encadenamientos, explicados para poder trabajarlos en casa o con un compañero.

Ver el curso de savate en 10 lecciones

Y si lo tuyo es el arma, la savate tiene una hermana: el bastón de combate, que comparte con ella historia, salas y buena parte de los nombres que aparecen en este artículo.